A menudo, la sociedad nos enseña que la solución a cualquier problema es "hacer más". Se nos dice que debemos esforzarnos más, trabajar más y luchar con más fuerza. Sin embargo, cuando estamos en un "pozo" emocional, financiero o personal, esa inercia de la hiperactividad puede ser nuestra mayor enemiga. La frase «lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar» encierra una verdad psicológica fundamental: el reconocimiento de que nuestras estrategias actuales han fallado.
Dejar de cavar no es un acto de rendición, es un acto de inteligencia estratégica. Significa detener la hemorragia de energía que desperdiciamos en hábitos, quejas o relaciones que solo profundizan nuestro malestar. Cuando sueltas la pala, el polvo se asienta y, por primera vez en mucho tiempo, puedes ver con claridad las paredes que te rodean. Es en ese silencio, donde ya no hay golpes de pala contra el suelo, donde empiezas a escuchar las soluciones que antes el ruido de tu propio esfuerzo te impedía percibir.
Salir del pozo requiere un cambio radical de perspectiva. Ya no se trata de cuánta tierra puedes remover, sino de cómo puedes usar esa misma tierra para construir escalones. Requiere humildad para aceptar que el camino hacia abajo fue una elección (consciente o no) y que el camino hacia arriba será una construcción lenta y deliberada. El ascenso no es un impulso de adrenalina, sino la suma de pequeñas decisiones diarias: pedir ayuda, cambiar una rutina, perdonarse por haber cavado tan profundo y, sobre todo, mantener la mirada fija en la luz que entra por la apertura, por pequeña que parezca. Recuerda que, mientras dejes de cavar, cada esfuerzo que hagas a partir de ahora te acercará, inevitablemente, a la superficie.
#Transformación #Conciencia #Resiliencia
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